Un paseo que aclaró mi decisión
Una tarde, entre correos y pendientes, quise atacar galletas. Salí cinco minutos a caminar y escuché el estómago: estaba tranquilo, pero mi mente estaba cansada. Bebí agua, preparé té y la urgencia se disolvió. Volví a trabajar ligero, agradecido por esa microintervención efectiva.